Reivindicación del horror: la agrupación que pide libertad para represores y el rol de una familia con poder político

Mientras Argentina sostiene un consenso democrático construido sobre la memoria, la verdad y la justicia, una agrupación denominada Pañuelos Negros intenta instalar un discurso negacionista que busca relativizar los crímenes atroces cometidos durante la última dictadura militar. Lo preocupante no es solo el mensaje que propagan, sino quiénes lo sostienen: una de las fundadoras del grupo es Asunción Benedit, hermana del diputado nacional Beltrán Benedit (La Libertad Avanza – Entre Ríos), quien en los últimos meses protagonizó una polémica visita a represores condenados en la cárcel de Ezeiza.

Esta organización invierte el símbolo de las Madres de Plaza de Mayo —el pañuelo blanco— para construir una narrativa que victimiza a los responsables del terrorismo de Estado. Lo hacen en nombre de la “guerra antisubversiva”, término utilizado durante la dictadura para justificar secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos sistemáticos por parte del aparato represivo estatal.

Benedit, que reside en Bariloche y se presenta públicamente como Asunción Lacal Montenegro (apellido de casada), es viuda del capitán del Ejército Francisco Lacal Montenegro, a quien reivindica por haber “combatido en la selva tucumana”. En una entrevista al medio El Cordillerano, declaró: “Muchos murieron, otros quedaron discapacitados. Si no fuera por ellos, hoy seríamos Venezuela”. Un discurso que banaliza el sufrimiento de las víctimas del Estado y que ignora décadas de prueba judicial sobre la existencia de un plan sistemático de exterminio.

Pero esta militancia no ocurre en el vacío. La familia Benedit tiene una activa participación política dentro del espacio libertario. Pelayo Lacal Montenegro, hijo de Asunción, fue candidato a diputado provincial en Entre Ríos en 2023 y actualmente trabaja como asesor de su tío diputado. Su esposa, Camila Scavia, también integró las listas de La Libertad Avanza como candidata a viceintendenta de Paraná. Lejos de ser un caso aislado, se trata de un entramado familiar con acceso al poder legislativo nacional y presencia territorial en distintas provincias.

Desde Bariloche, la hermana del diputado promueve actos que incluyen homenajes a figuras como Julio A. Roca, marchas contra comunidades originarias y actividades de apoyo a exmilitares condenados por delitos de lesa humanidad. Representa en la región al espacio político de Juan José Gómez Centurión, ex carapintada.

Que una agrupación como Pañuelos Negros actúe con libertad no es un síntoma de la democracia, sino un signo de alerta. Las ideas que propagan no son una opinión política más: son un intento de reinstalar el discurso del terrorismo de Estado bajo la apariencia de revisionismo histórico. Como sociedad, no podemos naturalizar que se niegue lo juzgado por tribunales nacionales e internacionales, que se relativice el genocidio y que se pretendan equiparar crímenes con la defensa del Estado de derecho.

La democracia argentina, imperfecta pero viva, no debe tolerar el negacionismo disfrazado de libertad de expresión. Los delitos de la dictadura no son interpretables: son crímenes imprescriptibles, probados y condenados. Reivindicar a sus autores es un acto de violencia simbólica hacia las víctimas, sus familias y la sociedad entera.

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