Francisco clama por la paz en un mundo herido: un mensaje pascual marcado por la fragilidad y la esperanza

Foto: VaticanNews

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, lugar habitual para la bendición Urbi et Orbi, el Papa apareció en silla de ruedas y con una voz debilitada por las secuelas de una neumonía reciente. Aunque no leyó personalmente su tradicional discurso –que fue presentado por el maestro de ceremonias Diego Ravello–, Francisco pronunció una breve bendición y deseó una “Buena Pascua” a los miles de fieles congregados.

El Papa Francisco envió un contundente mensaje al mundo este Domingo de Pascua, apelando a la paz global, el fin de los conflictos armados y la solidaridad con los más vulnerables. A pesar de su delicado estado de salud, el pontífice quiso estar presente, aunque fuera brevemente, en uno de los momentos más importantes del calendario litúrgico, evidenciando su compromiso inquebrantable con su misión pastoral.

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, lugar habitual para la bendición Urbi et Orbi, el Papa apareció en silla de ruedas y con una voz debilitada por las secuelas de una neumonía reciente. Aunque no leyó personalmente su tradicional discurso –que fue presentado por el maestro de ceremonias Diego Ravello–, Francisco pronunció una breve bendición y deseó una “Buena Pascua” a los miles de fieles congregados.

El mensaje, preparado por el mismo Francisco, fue directo y sin ambigüedades: la paz no será posible mientras el mundo continúe atrapado en la lógica del armamento y la violencia. El Papa instó a desmantelar esa carrera militar y, en su lugar, redoblar esfuerzos para combatir el hambre, promover el desarrollo y tender la mano a quienes más lo necesitan.

A lo largo de su mensaje, expresó su cercanía a las poblaciones que sufren las consecuencias de los conflictos en lugares como Gaza, Ucrania, Siria, Yemen y varias naciones africanas. Hizo hincapié en la necesidad de un alto el fuego, la liberación de rehenes y la atención urgente a las crisis humanitarias. También manifestó preocupación por el crecimiento del antisemitismo y pidió abrir el corazón a los migrantes y excluidos, recordando que “todos somos hijos de Dios”.

Curiosamente, no hubo menciones a países de América Latina, una omisión que no pasó desapercibida.

El Papa también aprovechó la ocasión para destacar la importancia de la vida en todas sus etapas, desde los no nacidos hasta los ancianos y enfermos, subrayando que nadie debería ser descartado en una sociedad que se precie de ser verdaderamente humana.

Durante la Semana Santa, Francisco sorprendió al aparecer en varias celebraciones pese a las recomendaciones médicas de reposo absoluto. Su presencia en la cárcel de Regina Coeli, donde compartió un momento íntimo con un grupo de detenidos, fue uno de los gestos más potentes de cercanía y empatía.

En este año del Jubileo de la Esperanza, el mensaje del Papa es claro: aún en tiempos de oscuridad, hay lugar para la esperanza, la solidaridad y la construcción de un mundo más justo.

Fuente: Página 12

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