Este 2 de mayo se conmemoran 42 años del hundimiento del crucero ARA General Belgrano, un episodio que costó la vida a 323 marinos argentinos y quedó marcado como la mayor pérdida humana de nuestro país durante la Guerra de Malvinas.
El buque fue torpedeado por un submarino británico fuera de la zona de exclusión declarada por el Reino Unido, lo que suscitó un fuerte debate internacional. Aquella madrugada, el hundimiento cortó de cuajo las trayectorias de oficiales y suboficiales, muchos de los cuales habían entregado años de servicio en la Armada. Sus cuerpos yacen hoy dispersos en el lecho marino del Atlántico Sur, en un sitio que para los veteranos de las islas simboliza tanto dolor como valentía.
Cada 2 de mayo, familiares, excombatientes y ciudadanos de todo el país rinden homenaje a estos 323 héroes. En los principales centros navales, plazas y monumentos se realizan ofrendas florales, izamientos de bandera y momentos de silencio en recuerdo de los caídos. Asociaciones de veteranos organizan además charlas y exposiciones fotográficas para mantener viva la memoria de aquellos jóvenes que partieron hacia el sur.
La repercusión del ataque al Belgrano no se limitó al ámbito militar: sacudió a la sociedad civil, que tomó conciencia de la magnitud del conflicto y del sacrificio que implicaba defender la soberanía nacional. Su hundimiento puso de relieve la fragilidad de la vida en el mar y el alto costo de la guerra.
Hoy, más allá del recuerdo, el 2 de mayo invita a reflexionar sobre la importancia de la paz y el diálogo. Mantener viva la historia del ARA General Belgrano no es sólo honrar a sus tripulantes, sino también renovar el compromiso con la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y con la construcción de un futuro en el que nunca se repitan tragedias semejantes.



